Hola Andrea,
Bienvenida a este plano de existencia. Sé bien que has elegido venir aquí en este tiempo con un propósito que sólo tú conoces y también sé que a estas alturas ya lo habrás olvidado. Soy Gustavo, hermano de tu mamá y con el tiempo elegirás decirme Tío Gus, Gus o algo que suene bien para ti.
Sonaría demasiado pretencioso en esta carta de bienvenida decirte que voy a darte consejos. Lo que quiero escribirte son palabras que te ayudarán a recordar, con el tiempo, cosas que ya sabes. Regresa a esta carta cuantas veces quieras porque, al pasar los años, algunas de las cosas que aquí escribo serán más claras y otras irán perdiendo poco a poco sentido.
Antes de comenzar, quiero que siempre tengas muy presente que eres la única dueña de tus emociones y que tienes un enorme poder: el de elegir como sentirte. Eres libre para pensar, sentir y crear y absolutamente nadie puede quitarte eso.
Los que estamos más cerquita de ti nos sentimos felices y afortunados de compartir este tiempo y espacio contigo. Aún así, no nos hagas mucho caso. Lo que podemos explicarte del mundo es solamente el resultado de nuestra percepción y experiencia y tú tendrás que crear la tuya. Sin embargo, es importante que sepas que siempre podrás volver a nosotros. Cuando tengas miedo, dudas, alegrías o dificultades, estaremos para ti. Siempre.
Comenzarás a reír muy pronto. Una vez que lo descubras., no dejes de hacerlo nunca, por lo menos una vez por día. Es un poder enorme y para el que ríe, pocas cosas serán difíciles. Sé curiosa. No te detengas cuando se trate de explorar, tocar, sentir, oler o probar. Ensúciate todo lo que sea necesario, juega todo lo que quieras, mójate siempre que sientas ganas y explora tu mundo, el cercano y el lejano. Tu cuerpo te fue dado para experimentar y no hacerlo es el peor de los desperdicios.
Una vez que comiences a preguntarte, no dejes de hacerlo. Pero no preguntes porque sí, pregunta para recordar. Todo lo que necesitas saber para vivir en este plano ya lo sabes, lo irás recordando poco a poco. Por ello, no cuestiones a los demás, sólo haz las preguntas y luego escucha con atención. Siempre habrá una voz dentro de ti que te dará las respuestas que necesitas.
Respeta todas las formas de vida, observa y aprende de ellas, todas tienen algo que enseñarte sobre ti misma. Aprende a escuchar con atención sus sonidos: el viento, el agua que corre, las aves, los insectos y el latido de tu corazón. Todos ellos tienen más que decirte que lo que podamos decirte los de afuera.
Crecerás y lo nuevo se convertirá en cotidiano, pero procura ver siempre las cosas como la primera vez que las viste y asómbrate, asómbrate y agradece por cada respiro, por cada mirada, por cada alimento y cada caricia. Agradecer te hará más feliz, más completa, más humana.
Aprende a respirar profunda y pausadamente desde pequeña. Siente el aire entrar por tu nariz y el cosquilleo de la vida llenar tus pulmones. Con el tiempo te hará falta regresar a este ritmo y te dará gusto recordar la paz que se siente al hacerlo.
Del amor ya sabes todo, pero aprenderás a darle los nombre que le damos los que ya estamos aquí. Ten siempre presente que nadie es tuyo y no eres de nadie, sólo compartimos tiempo y espacio libremente. Expresa tu amor profundamente siempre que sientas las ganas de hacerlo, nunca te lo guardes. Las emociones que se guardan, como el agua que se estanca, se echa a perder (ya aprenderás de esto, pero quise darte un adelanto).
Baila y canta. Mucho, a diario y estés donde estés. Bailar y cantar es dejar que tu cuerpo platique con el Universo y si pones atención cuando lo haces, encontrarás que tu mundo te hace guiños a cada instante.
Conforme crezcas y aprendas más cosas, levántate siempre preguntándote "¿Qué cosa nueva puedo hacer hoy?" y busca alguna. Si haciendo algo nuevo además puedes ayudar a alguna persona, quien quiera que sea, tu día habrá valido la pena. Somos invitados a la fiesta de la vida y los buenos invitados siempre preguntan que más pueden llevar a la fiesta.
Hay tres cosas que entre más pronto te ocurran, mejor: equivocarte, enamorarte y perdonar. Seguro la primera con la que te toparás será equivocarte y si recordaste muy bien lo que es amar, es probable que no tengas que perdonar.
Regresando al equivocarse, es la única manera de aprender. No permitas que nadie te quiera hacer creer que equivocarse está mal. Conocerás un mundo de maravillas: aviones, computadoras, televisores, teléfonos...y todas esas cosas maravillosas son el resultado de miles de equivocaciones. Entre más rápido te equivoques, mejor, porque aprenderás más rápido a solucionar problemas.
Sobre enamorarte, sólo puedo decirte que ocurrirá y te pondrá emocionada y nerviosa y te aterrorizará al mismo tiempo. Cuando ocurra, recuerda que veniste a la vida a experimentar, respira profundo y experiméntalo a fondo. Lo que ocurra después es irrelevante, disfrútalo como la primera vez que te mojes. Y recuerda algo: todo lo que necesitas ya lo tienes.
Y el perdón...el perdón está hecho del mismo amor con el que veniste. Sólo que en este planeta olvidamos ese amor por todos los seres con frecuencia y entonces, algún día, sentimos que alguien fue injusto, que alguien dejó de amarnos o nos hizo daño. Si un día llegas a pasar por ahí, sólo tienes que recordar que tú y el otro no están separados: son dos partes de la misma cosa. Agradece por tenerlo en tu vida y dale un abrazo, un beso o una palabra cariñosa y deja que la paz los una de nuevo. (Ah, no es fácil, pero es tan poderoso como reír).
Te preguntarás alguna vez si eres bonita. Puedo anticiparte algo: eres perfecta. No hay más que saber, no hay más que decir. Y así como tú lo eres, todos alrededor lo son, cada uno a su manera. Eres perfecta porque estás viva y la vida es belleza.
Después de todo, el tiempo siempre seguirá pasando. Crecerás, irás a la escuela, tu cuerpo cambiará, te enamorarás, elegirás una profesión o algo a que dedicarte y aceptarás responsabilidades (nadie sabe bien que es eso, pero así les decimos). Lo que sea a lo que te dediques, que sea algo por lo que puedas mantenerte despierta y te llene de alegría. Te será fácil reconocerlo, te lo aseguro. Una vez que lo sientas, sigue haciéndolo sin titubear.
Después de un buen tiempo, si así lo decides, tendrás hijos. Y sentirás de nuevo la emoción y el terror como cuando te enamoraste (no será la misma, pero son emociones) y querrás crear el mejor de los mundos para el nuevo invitado. Entonces te sugiero que vuelvas a esta carta. No es porque tenga todas las respuestas, es sólo que, seguramente, recordarás algunas de las tuyas y querrás compartirlas, libremente, con amor, con aquél o aquélla al que llamarás hijo o hija. Y si no, regresa un día a estas palabras. Lo que de aquí te haya servido ya no será mío, será tuyo. Y cada quien habrá cumplido su parte, querida mía.
Te amo.
1.30.2013
7.01.2012
La Última Noche
Escribo esto en los últimos minutos del día treinta de Junio. Si tuviese otro fin además del de volverme palabra, podría pensarse que muy tarde o demasiado temprano. Más la razón que me mueve es esta sensación que no sale de mi pecho desde hace un par de días y que seguramente está ligada a la de millones de habitantes de mi país.
El día de mañana se realizará la elección para Presidente de la República, diputados, senadores y demás fauna política. Pero el ente consciente de sí mismo al que llamamos México realizará una elección mucho más importante mañana (y los días que sigan a mañana). Independientemente del resultado electoral, ese ser decidirá si quiere amanecer un día más siendo el que ha sido o decidido con valor a convertirse en el que puede ser.
Esta noche la mayoría iremos a dormir. Cómodamente los unos, donde se pueda los otros; solos o acompañados, cobijados por nuestros sueños o apenas cubiertos por nuestras esperanzas. Seamos candidatos que hicimos los últimos acuerdos para llegar al poder o ciudadanos que no entendemos al mismo, norteños, empresarios, chilangos, tarahumaras, tapatíos, mayas, estudiantes, ruidosos o silenciosos, la mayoría iremos a dormir. Cada uno con su historia, cada cual con su verdad.
Será mañana, como todas las mañanas del mundo, cuando despertemos de nuevo a esta experiencia vital, que tendremos la grandiosa oportunidad de cada día: la de comenzar de nuevo. Porque despertar a un nuevo día no es muy diferente a nacer. Siempre ha sido así y lo seguirá siendo. La pregunta importante a hacernos será "¿Voy a hacerlo igual?". Porque estos últimos meses nos dimos la oportunidad de mirarnos en el espejo de nuestra consciencia. Por supuesto, lo que vimos nos entusiasmó, nos motivó, nos permitió vernos reflejados en el otro después de muchos, muchos años de evadir la mirada. Y creímos en un cambio, urgente, reprimido, casi inminente.
Es momento de entender, entonces, que ese cambio tan a flor de país, tan perceptible en el aire, la lluvia y los susurros de estos días es exactamente el mismo al que tenemos acceso todas las mañanas. Los cambios son la constante para la que estamos diseñados como seres. No es necesario que jóvenes llenos de pasión y de memoria nos lo recuerden. No es necesario ver lo que asumimos como desigualdad para buscarlos. No necesitamos una elección para generarlos. Sin embargo, si la fuerza de ese ser formado por todos nos ha ayudado a definir con más claridad que queremos y que no queremos, es nuestra obligación aprovecharla para elegir mañana una realidad diferente.
No importará el resultado, importará lo que hagamos con él. Si hemos vivido a fondo el sueño de cambio, más nos vale despertar al cambio. Si hemos defendido nuestras ideas, más nos vale convertirlas en acciones. Debería quedarte claro que los cambios no vienen de los gobernantes, sino de cada uno de nosotros.
Esta puede ser verdaderamente la última noche del México que conoces. Ahora sólo falta que elijas en qué México quieres despertar.
El día de mañana se realizará la elección para Presidente de la República, diputados, senadores y demás fauna política. Pero el ente consciente de sí mismo al que llamamos México realizará una elección mucho más importante mañana (y los días que sigan a mañana). Independientemente del resultado electoral, ese ser decidirá si quiere amanecer un día más siendo el que ha sido o decidido con valor a convertirse en el que puede ser.
Esta noche la mayoría iremos a dormir. Cómodamente los unos, donde se pueda los otros; solos o acompañados, cobijados por nuestros sueños o apenas cubiertos por nuestras esperanzas. Seamos candidatos que hicimos los últimos acuerdos para llegar al poder o ciudadanos que no entendemos al mismo, norteños, empresarios, chilangos, tarahumaras, tapatíos, mayas, estudiantes, ruidosos o silenciosos, la mayoría iremos a dormir. Cada uno con su historia, cada cual con su verdad.
Será mañana, como todas las mañanas del mundo, cuando despertemos de nuevo a esta experiencia vital, que tendremos la grandiosa oportunidad de cada día: la de comenzar de nuevo. Porque despertar a un nuevo día no es muy diferente a nacer. Siempre ha sido así y lo seguirá siendo. La pregunta importante a hacernos será "¿Voy a hacerlo igual?". Porque estos últimos meses nos dimos la oportunidad de mirarnos en el espejo de nuestra consciencia. Por supuesto, lo que vimos nos entusiasmó, nos motivó, nos permitió vernos reflejados en el otro después de muchos, muchos años de evadir la mirada. Y creímos en un cambio, urgente, reprimido, casi inminente.
Es momento de entender, entonces, que ese cambio tan a flor de país, tan perceptible en el aire, la lluvia y los susurros de estos días es exactamente el mismo al que tenemos acceso todas las mañanas. Los cambios son la constante para la que estamos diseñados como seres. No es necesario que jóvenes llenos de pasión y de memoria nos lo recuerden. No es necesario ver lo que asumimos como desigualdad para buscarlos. No necesitamos una elección para generarlos. Sin embargo, si la fuerza de ese ser formado por todos nos ha ayudado a definir con más claridad que queremos y que no queremos, es nuestra obligación aprovecharla para elegir mañana una realidad diferente.
No importará el resultado, importará lo que hagamos con él. Si hemos vivido a fondo el sueño de cambio, más nos vale despertar al cambio. Si hemos defendido nuestras ideas, más nos vale convertirlas en acciones. Debería quedarte claro que los cambios no vienen de los gobernantes, sino de cada uno de nosotros.
Esta puede ser verdaderamente la última noche del México que conoces. Ahora sólo falta que elijas en qué México quieres despertar.
Habla de:
despertares,
Elecciones 2012,
México
4.12.2012
Primavera que en una esquina brota
Ocurre en un parpadeo. Con precisión despiertan y nos despiertan una mañana con pequeñas explosiones de morado donde hubo gris por varios meses. Viviendo su parte en el ciclo eterno se brindan sin modestia, frescas y serenas, celebrando una vez más el triunfo de la vida.Nosotros, los de acá, poco entendemos de estar enraizados, de penetrar profundo en la Tierra y sentir savia corriendo por decenas de brazos que se estiran para sentir el Sol, de respirar del aire lo que los otros han exhalado. Olvidamos pronto lo que es ser uno con tierra, agua y aire. Pero ellas nos lo recuerdan a su muy colorida y jacarandosa manera. No son las únicas, pero para los que vivimos del lado de arriba del concreto, son las más notorias.
La fiesta dura unas semanas; las suficientes para que les dediquemos fotografías, sonrisas y palabras, las precisas para que ellas cumplan su parte y persistan, besando al viento con sus mil labios morados. Cerca del final, si somos afortunados, el viento ayudará a que caiga sobre nosotros una suave lluvia de flores. Tal vez sólo nos parezca bello. Tal vez entendamos que no necesitamos nada más y por un instante veamos el mundo de otro color. Morado, quizás.
Habla de:
jacarandas,
la ciudad,
primavera
2.25.2012
Como un documento inalterable...
Fito casi siempre tiene razón. Al menos la tiene siempre cuando escribe. Y aunque no comparta siempre su visión (lo cual es bueno) siempre me cala, me llama, me identifica.
Y es la frase de Páez la que me devuelve a escribir, porque si algo tengo para ofrecer aquí, son palabras. Porque las últimas han sido semanas de intenso descubrimiento, de entender, de buscar solo ser. Y para entender (para entenderse) hay que brindarse completito, quedarse vacío de ideas y volverse acción. Y colaborar con tu fin superior, con tu verdadero propósito y si no lo conoces, callar tu mente y sentirlo. Y ofrecer el corazón.
Creo (y creo que lo mencioné alguna vez) que una de las claves del desarrollo y la prosperidad es vivir com la actitud de invitado acomedido: así como esos invitados llegan a la fiesta y preguntan "Te ayudo con algo? Qué te hace falta?". De la misma manera el Universo nos puso aquí: para colaborar en la creación. No somos piezas terminadas, nada lo es. Entonces que mejor que preguntarle al orden superior "Qué hace falta? Qué más puedo hacer?"
Pensar así nos pone además en una postura infinitamente más poderosa: pasamos de ser producto de nuestras circunstancias a ser ayudantes de Dios, la vida, Yoda o de nuestro ser superior, como queramos verlo.
Pensando así comienzan a llegarnos ideas novedosas, comenzamos a ver oportunidades que no veíamos, comenzamos a colaborar. Y el sol, el viento y los árboles sonríen. Viviendo así comenzamos a recordar quienes somos de verdad. Como Fito. Como Betsy y Cecilia, quienes me inspiraron desde el iPhone. Estoy de vuelta.
Y es la frase de Páez la que me devuelve a escribir, porque si algo tengo para ofrecer aquí, son palabras. Porque las últimas han sido semanas de intenso descubrimiento, de entender, de buscar solo ser. Y para entender (para entenderse) hay que brindarse completito, quedarse vacío de ideas y volverse acción. Y colaborar con tu fin superior, con tu verdadero propósito y si no lo conoces, callar tu mente y sentirlo. Y ofrecer el corazón.
Creo (y creo que lo mencioné alguna vez) que una de las claves del desarrollo y la prosperidad es vivir com la actitud de invitado acomedido: así como esos invitados llegan a la fiesta y preguntan "Te ayudo con algo? Qué te hace falta?". De la misma manera el Universo nos puso aquí: para colaborar en la creación. No somos piezas terminadas, nada lo es. Entonces que mejor que preguntarle al orden superior "Qué hace falta? Qué más puedo hacer?"
Pensar así nos pone además en una postura infinitamente más poderosa: pasamos de ser producto de nuestras circunstancias a ser ayudantes de Dios, la vida, Yoda o de nuestro ser superior, como queramos verlo.
Pensando así comienzan a llegarnos ideas novedosas, comenzamos a ver oportunidades que no veíamos, comenzamos a colaborar. Y el sol, el viento y los árboles sonríen. Viviendo así comenzamos a recordar quienes somos de verdad. Como Fito. Como Betsy y Cecilia, quienes me inspiraron desde el iPhone. Estoy de vuelta.
9.18.2011
Todo gran poder...
He escrito en un par de ocasiones que Spider Man es mi superheroe favorito. Y hoy, sentado en una sala de espera del Aeropuerto de Salt Lake City, confirmo el porqué. Nuevamente es un viaje lo que genera un artículo del blog y un cambio importante en mi vida. Nuevamente es un viaje lo que me pone de frente a mis sueños y me reta.
Hoy voy de regreso a Phoenix y de ahí a México. Pero no será un regreso habitual. El motivo por el cual estuve casi una semana en Salt Lake fue asistir a la convención anual de una de las dos empresas de las que soy socio. Y fue ayer por la tarde que la filosofía de Spider Man se encontró de nuevo conmigo, cerca del cierre de la convención, cuando suficientes ideas y emociones coincidieron en un punto que me dio la claridad suficiente para recordar que TODO GRAN PODER TRAE CONSIGO UNA GRAN RESPONSABILIDAD.
Al estar reunido con casi 10,000 personas de más de 40 países que nos dedicamos a hacer lo mismo, ayudar a otros a mejorar sus vidas, confirmé una vez más el poder de nuestros pensamientos y palabras. Pero por encima de ello, me di cuenta del enorme poder que tenemos cada uno de nosotros para cambiar vidas, a veces en maneras que ni siquiera imaginamos. Y aunque conocí historias de líderes increibles pude constatar, igual que Peter Parker, que aquellos que tienen un gran poder no son inmunes al fracaso, al sufrimiento o a las preocupaciones. Lo que hace diferentes a estos hombres y mujeres con súper poderes es que están dispuestos a servir. Lo que nos hace mejores es estar siempre dispuestos a servir, esa es la responsabilidad asociada a un gran poder.
Esto no es territorio de los cómics. El simple hecho de poseer información que otros no poseen y puede cambiar sus vidas te da poder. El hecho de contar con un cuerpo completo, un lugar donde vivir y comida en tu refrigerador te coloca en una posición ventajosa sobre aquéllos que no lo tienen. La pregunta ahora es: ¿Qué vas a hacer con tu poder? Porque ya trae consigo una responsabilidad, la enorme responsabilidad de compartirlo. ¿Estás dispuesto a compartir tu poder para cambiarle la vida a alguien? ¿Compartes tu tiempo, tu información, tus bendiciones con quienes tienes alrededor? Porque esta semana conocí a un chico con retraso mental y a su madre adoptiva de más de 70 años quienes se dedican a ayudar a otros con necesidades más apremiantes que las de ellos. Conocí a una anciana de 82 años que utiliza el dinero que gana en la empresa para apoyar a niños que no tienen comida y conocí varias historias más de líderes que se brindan en todo momento. Y descubrí que mi responsabilidad es más grande de lo que creía. Y decidí asumirla. Porque he presenciado como pequeños actos míos generan grandes cambios en las vidas de otros. Porque los que decidimos emprender, tenemos una responsabilidad más grande: la de crear abundancia para el mundo. No se trata sólo de crear empleos, pagar tus impuestos y ser muy trabajador. Se trata de cambiar el mundo para bien, con pequeñas acciones, un paso a la vez.
Si hoy aceptamos la responsabilidad que viene incluida con nuestros poderes, cualesquiera que estos sean, en poco tiempo el mundo puede convertirse en un mejor lugar para vivir. Analiza cuál es tu poder y utilízalo para mejorar una vida (sólo una) hoy mismo. Tal vez no lo sepas, pero todas las noches alguien se va a dormir pidiendo una solución que TÚ tienes. Decide hoy ser un superheroe para alguien más.
Namasté
Hoy voy de regreso a Phoenix y de ahí a México. Pero no será un regreso habitual. El motivo por el cual estuve casi una semana en Salt Lake fue asistir a la convención anual de una de las dos empresas de las que soy socio. Y fue ayer por la tarde que la filosofía de Spider Man se encontró de nuevo conmigo, cerca del cierre de la convención, cuando suficientes ideas y emociones coincidieron en un punto que me dio la claridad suficiente para recordar que TODO GRAN PODER TRAE CONSIGO UNA GRAN RESPONSABILIDAD.
Al estar reunido con casi 10,000 personas de más de 40 países que nos dedicamos a hacer lo mismo, ayudar a otros a mejorar sus vidas, confirmé una vez más el poder de nuestros pensamientos y palabras. Pero por encima de ello, me di cuenta del enorme poder que tenemos cada uno de nosotros para cambiar vidas, a veces en maneras que ni siquiera imaginamos. Y aunque conocí historias de líderes increibles pude constatar, igual que Peter Parker, que aquellos que tienen un gran poder no son inmunes al fracaso, al sufrimiento o a las preocupaciones. Lo que hace diferentes a estos hombres y mujeres con súper poderes es que están dispuestos a servir. Lo que nos hace mejores es estar siempre dispuestos a servir, esa es la responsabilidad asociada a un gran poder.
Esto no es territorio de los cómics. El simple hecho de poseer información que otros no poseen y puede cambiar sus vidas te da poder. El hecho de contar con un cuerpo completo, un lugar donde vivir y comida en tu refrigerador te coloca en una posición ventajosa sobre aquéllos que no lo tienen. La pregunta ahora es: ¿Qué vas a hacer con tu poder? Porque ya trae consigo una responsabilidad, la enorme responsabilidad de compartirlo. ¿Estás dispuesto a compartir tu poder para cambiarle la vida a alguien? ¿Compartes tu tiempo, tu información, tus bendiciones con quienes tienes alrededor? Porque esta semana conocí a un chico con retraso mental y a su madre adoptiva de más de 70 años quienes se dedican a ayudar a otros con necesidades más apremiantes que las de ellos. Conocí a una anciana de 82 años que utiliza el dinero que gana en la empresa para apoyar a niños que no tienen comida y conocí varias historias más de líderes que se brindan en todo momento. Y descubrí que mi responsabilidad es más grande de lo que creía. Y decidí asumirla. Porque he presenciado como pequeños actos míos generan grandes cambios en las vidas de otros. Porque los que decidimos emprender, tenemos una responsabilidad más grande: la de crear abundancia para el mundo. No se trata sólo de crear empleos, pagar tus impuestos y ser muy trabajador. Se trata de cambiar el mundo para bien, con pequeñas acciones, un paso a la vez.
Si hoy aceptamos la responsabilidad que viene incluida con nuestros poderes, cualesquiera que estos sean, en poco tiempo el mundo puede convertirse en un mejor lugar para vivir. Analiza cuál es tu poder y utilízalo para mejorar una vida (sólo una) hoy mismo. Tal vez no lo sepas, pero todas las noches alguien se va a dormir pidiendo una solución que TÚ tienes. Decide hoy ser un superheroe para alguien más.
Namasté
Habla de:
de viaje,
el mundo,
libertades,
spiderman
8.06.2011
Un perro, los miedos y las metas
Hoy aprendí algo observando a Kabaí. Más que aprenderlo lo confirmé y confirmé que las leyes universales aplican a todo, las conozcamos o no.
Resulta que es mi día de chachez y subí a tender la ropa. Sí, no me lo puedo quitar. Ni cuando existía la Doña Angélica aquí en México ni con Dolores en California he dejado la maña. Supongo que está en mi ADN de chacha. Bueno, decía que subí a tender ropa y para llegar a la zona de jaulas de tendido hay que subir por escaleras de hierro, de ésas que tienen los peldaños hechos con rejillas. Como Kabaí le tiene pavor a esas rejillas porque sus patas son muy pequeñas, nunca ha llegado hasta la parte superior y siempre se queda abajo, olisqueando y observándome. Pero hoy decidí que iba a averiguar hasta donde llegaba mi perro, que además de bastante inteligente es persistente. Me senté en el cuarto escalón y comencé a llamarlo, animándolo a que subiera. Al principio lloriqueó un poco, pero comenzó a intentar subir. Se dió cuenta de que si ponía con cuidado las patas se podía sostener sobre las barras sin caerse. Subió el primer escalón, el segundo, el tercero y llegó hasta mí. Entonces me moví hacia atrás para que me siguiera. En ese momento se puso nervioso y saltó al piso, pero una de sus patas traseras se quedó atorada entre los espacios del escalón en el que estaba. Lo solté y revisé que no estuviera lastimado. Afortunadamente no le pasó nada, lo felicité y demás.
El incidente completo me hizo reflexionar sobre la manera en la que muchas personas enfrentan la vida o los problemas.
Primero: No existe un reto imposible de vencer. Si un problema aparece en tu camino, le tocaba estar ahí y tienes todas las herramientas para solucionarlo, ya que de otra manera, no se presentaría. Sólo tienes que verlo desde diferentes perspectivas y elegir la mejor manera de resolverlo.
Segundo: El miedo no es bueno ni malo, sólo es una herramienta de nuestro mecanismo de supervivencia. Lo importante es que seamos conscientes de que el hecho de que lo sintamos sólo implica que tenemos que poner atención a la situación que se nos presenta, para resolverla con la cabeza fría.
Tercero: Una vez que decidimos ir hacia nuestro objetivo, no podemos darnos el lujo de dudar. Porque es justo en el momento que dudamos cuando ocurre lo que temíamos. Mientras el perro no dudó, se acercó con paso seguro a su objetivo, pero cuando sintió miedo de nuevo, perdió el enfoque y se atoró la pata.
Por eso amo a mi perro, me cae. Al final yo seguí con lo mío y parece que a Kabaí lo agotó el stress:
Puedes ver la versión del mismo evento desde su visión empresarial aquí.
Resulta que es mi día de chachez y subí a tender la ropa. Sí, no me lo puedo quitar. Ni cuando existía la Doña Angélica aquí en México ni con Dolores en California he dejado la maña. Supongo que está en mi ADN de chacha. Bueno, decía que subí a tender ropa y para llegar a la zona de jaulas de tendido hay que subir por escaleras de hierro, de ésas que tienen los peldaños hechos con rejillas. Como Kabaí le tiene pavor a esas rejillas porque sus patas son muy pequeñas, nunca ha llegado hasta la parte superior y siempre se queda abajo, olisqueando y observándome. Pero hoy decidí que iba a averiguar hasta donde llegaba mi perro, que además de bastante inteligente es persistente. Me senté en el cuarto escalón y comencé a llamarlo, animándolo a que subiera. Al principio lloriqueó un poco, pero comenzó a intentar subir. Se dió cuenta de que si ponía con cuidado las patas se podía sostener sobre las barras sin caerse. Subió el primer escalón, el segundo, el tercero y llegó hasta mí. Entonces me moví hacia atrás para que me siguiera. En ese momento se puso nervioso y saltó al piso, pero una de sus patas traseras se quedó atorada entre los espacios del escalón en el que estaba. Lo solté y revisé que no estuviera lastimado. Afortunadamente no le pasó nada, lo felicité y demás.
El incidente completo me hizo reflexionar sobre la manera en la que muchas personas enfrentan la vida o los problemas.
Primero: No existe un reto imposible de vencer. Si un problema aparece en tu camino, le tocaba estar ahí y tienes todas las herramientas para solucionarlo, ya que de otra manera, no se presentaría. Sólo tienes que verlo desde diferentes perspectivas y elegir la mejor manera de resolverlo.
Segundo: El miedo no es bueno ni malo, sólo es una herramienta de nuestro mecanismo de supervivencia. Lo importante es que seamos conscientes de que el hecho de que lo sintamos sólo implica que tenemos que poner atención a la situación que se nos presenta, para resolverla con la cabeza fría.
Tercero: Una vez que decidimos ir hacia nuestro objetivo, no podemos darnos el lujo de dudar. Porque es justo en el momento que dudamos cuando ocurre lo que temíamos. Mientras el perro no dudó, se acercó con paso seguro a su objetivo, pero cuando sintió miedo de nuevo, perdió el enfoque y se atoró la pata.
Por eso amo a mi perro, me cae. Al final yo seguí con lo mío y parece que a Kabaí lo agotó el stress:
Puedes ver la versión del mismo evento desde su visión empresarial aquí.
Habla de:
desarrollo,
Kabaí,
lo que me gusta
8.05.2011
Es hora
El tiempo se pasa volando, dicen. Creo que más bien nos ve pasar. Y somos nosotros los que pasamos volando, caminando lentamente o trotando por la vida. Pero, sin importar la velocidad de nuestro paso, en algún momento haremos un alto, observaremos a nuestro alrededor y volveremos, aunque sea por un instante, a lo que fuimos, a lo que nos hace lo que somos.
Pues héme de vuelta, justo en uno de esos momentos. No sé si haya todavía algún lector imaginario por aquí, pero sé que ha llegado el momento de compartir mucho más con quien esté dispuesto a recibirlo. Porque somos un todo y mi trabajo en los últimos meses ha sido nutrir ese todo con todos los medios a mi alcance. Y ahora sí, una vez en el camino de nutrir ese todo, aceptar una misión más grande que yo mismo.
Es hora de hacer nuestra parte para cambiar al mundo. Es hora de darlo todo, de no quedarnos con nada, de compartir, de entregar, de atender a nuestra guía interior. Es hora de crear, de aportar, de brindar nuestros talentos especiales a cualquiera que los necesite. No esperes nada de los gobiernos ni de las instituciones. La responsabilidad de dejar el mundo en mejores condiciones es completamente tuya y mía. Es hora de creer, de volver a soñar y de enseñar a tantas personas como podamos el camino hacia una realidad diferente, llena de riqueza y abundancia.
He elegido un camino menos transitado, con la certeza de que me permitirá crear un cambio en el mundo, un cambio que comienza por mi. He decidido hacer mi parte y las posibilidades son infinitas. La pregunta importante ahora es: ¿Qué harás tú?
Pues héme de vuelta, justo en uno de esos momentos. No sé si haya todavía algún lector imaginario por aquí, pero sé que ha llegado el momento de compartir mucho más con quien esté dispuesto a recibirlo. Porque somos un todo y mi trabajo en los últimos meses ha sido nutrir ese todo con todos los medios a mi alcance. Y ahora sí, una vez en el camino de nutrir ese todo, aceptar una misión más grande que yo mismo.
Es hora de hacer nuestra parte para cambiar al mundo. Es hora de darlo todo, de no quedarnos con nada, de compartir, de entregar, de atender a nuestra guía interior. Es hora de crear, de aportar, de brindar nuestros talentos especiales a cualquiera que los necesite. No esperes nada de los gobiernos ni de las instituciones. La responsabilidad de dejar el mundo en mejores condiciones es completamente tuya y mía. Es hora de creer, de volver a soñar y de enseñar a tantas personas como podamos el camino hacia una realidad diferente, llena de riqueza y abundancia.
He elegido un camino menos transitado, con la certeza de que me permitirá crear un cambio en el mundo, un cambio que comienza por mi. He decidido hacer mi parte y las posibilidades son infinitas. La pregunta importante ahora es: ¿Qué harás tú?
Habla de:
desarrollo,
empresa,
libertades
1.09.2011
Raíz I - El tigre en la higuera
Es su luz. Es la variedad infinita de sus verdes distintos a aquéllos de la selva, pero igual de ricos. Es la nostalgia de sus canciones, de sus atardeceres y de las pláticas de los mayores. Es el sabor de sus pemoles, sus bocoles y su zacahuil. Y es muchas cosas más lo que hace que quien de fuera viene se sienta como en case y comience a enamorarse irremediablemente. Es la Huasteca, mi primera raíz.
Cuando me preguntan de donde soy, contesto con frecuencia que de muchas partes. Cuando me preguntan de donde me siento, sin dudar contesto "Huasteco". Y de la Huasteca veracruzana, para más señas. Ésa que alcanza a ver el mar de cerquita, que tiene cerros azules y es potrero y es jagüey. No nací ahí, pero tuve consciencia de mí en el pueblo del tigre en la higuera. Es Ozuluama, el fuerte de los huastecos que no ha excedido su traza original de 400 varas. El cantón más antiguo de Veracruz y el lugar donde el destino, demostrando su incontenible intención, juntó a mis padres.
Hace unos meses, poco después de que dejara de escribir en el blog, viajé con mis papás y hermanos al sur de Veracruz, a Acayucan específicamente, para asistir a la boda de uno de mis primos más pequeños. En algún momento al final de la fiesta, los mayores estaban sentados en el porche de la casa del rancho donde se llevaba a cabo al fiesta. Era la hora en la que aparece la nostalgia, cuando el Sol casi se muere y la luna todavía no se despierta. Y comenzó la plática. Mi tío, el único hermano de mi mamá, contaba historias que tal vez sus hijos no conozcan, pero que me han fascinado desde que era pequeño. Los demás escuchaban atentos y opinaban, porque a todos los unía un rasgo común: el amor a esa tan mencionada Huasteca. Me di cuenta que la habilidad de narrador puede venir de familia y que la tierra nos hace, nos deja marcas, nos nutre. Es algo que un habitante de una gran ciudad no podrá experimentar hasta que lo vive. Como bien dice el huapango:
La tarde se hizo nomás recuerdo entre graznidos de tordos y el canto de los grillos y la plática siguió por un par de horas. El ingenio de las narraciones provocaba risas, por dolorosa que fuera la anécdota contada. Porque bien dice otro huapango:
Eso nos hace volver. No es pasado, es nuestro presente, el que nos hace lo que somos. No somos más chilangos, jarochos o estadounidenses. Somos huastecos y cuando vemos al Sol comenzar a recostarse sobre los potreros y escuchamos a lo lejos una jarana y un violín, sabemos que estamos de vuelta en casa.
Cuando me preguntan de donde soy, contesto con frecuencia que de muchas partes. Cuando me preguntan de donde me siento, sin dudar contesto "Huasteco". Y de la Huasteca veracruzana, para más señas. Ésa que alcanza a ver el mar de cerquita, que tiene cerros azules y es potrero y es jagüey. No nací ahí, pero tuve consciencia de mí en el pueblo del tigre en la higuera. Es Ozuluama, el fuerte de los huastecos que no ha excedido su traza original de 400 varas. El cantón más antiguo de Veracruz y el lugar donde el destino, demostrando su incontenible intención, juntó a mis padres.
Hace unos meses, poco después de que dejara de escribir en el blog, viajé con mis papás y hermanos al sur de Veracruz, a Acayucan específicamente, para asistir a la boda de uno de mis primos más pequeños. En algún momento al final de la fiesta, los mayores estaban sentados en el porche de la casa del rancho donde se llevaba a cabo al fiesta. Era la hora en la que aparece la nostalgia, cuando el Sol casi se muere y la luna todavía no se despierta. Y comenzó la plática. Mi tío, el único hermano de mi mamá, contaba historias que tal vez sus hijos no conozcan, pero que me han fascinado desde que era pequeño. Los demás escuchaban atentos y opinaban, porque a todos los unía un rasgo común: el amor a esa tan mencionada Huasteca. Me di cuenta que la habilidad de narrador puede venir de familia y que la tierra nos hace, nos deja marcas, nos nutre. Es algo que un habitante de una gran ciudad no podrá experimentar hasta que lo vive. Como bien dice el huapango:
Y esas huastecas
yo no sé lo que tendrán
quien una vez las conoce
regresa y se queda allá.
La tarde se hizo nomás recuerdo entre graznidos de tordos y el canto de los grillos y la plática siguió por un par de horas. El ingenio de las narraciones provocaba risas, por dolorosa que fuera la anécdota contada. Porque bien dice otro huapango:
Yo siempre vivo contento
al fin sé que he de morir.
Al fin sé que he de morir
yo siempre vivo contento.
Aunque sufro y me lamento,
siempre acostumbré reír.
Siempre acostumbré reír
en medio del sufrimiento.
Eso nos hace volver. No es pasado, es nuestro presente, el que nos hace lo que somos. No somos más chilangos, jarochos o estadounidenses. Somos huastecos y cuando vemos al Sol comenzar a recostarse sobre los potreros y escuchamos a lo lejos una jarana y un violín, sabemos que estamos de vuelta en casa.
9.12.2010
Manifiesto
A mi me enseñaron a dar gracias por todo lo que recibo.
Me enseñaron que perdón es una palabra muy poderosa y que se dice mirando a los ojos.
Me enseñaron que reír es tan importante como respirar y que hacer reír es un don que hay que ejercitar a diario.
Me enseñaron que mi imaginación es mi arma más poderosa.
Me enseñaron que las palabras se hicieron para jugar con ellas y crear mundos a su alrededor.
Me enseñaron que los libros son los mejores amigos.
Que Dios no está en un altar, está adentro de ti.
Que hay amores para toda la vida y que no terminan cuando uno se muere.
Que los abrazos se dan fuertes y apretaditos, para que los sienta el corazón.
Que siempre, aunque no lo parezca, tu familia será tu refugio.
Que los que viven bajo un mismo techo son familia, sin importar que corten el pasto, hagan la limpieza o sean los dueños de la casa.
Que hay hermanos que no llevan la misma sangre, que mis primos son mis otros hermanos, que los niños escogen cuantos abuelos tener, que hay tíos por merecimiento y que si soy afortunado, tendré más de dos papás.
Que si tu mamá te da sopa de letras, entre la sopa se encuentra un TE AMO.
Me enseñaron a no rendirme nunca, nunca, nunca.
Me enseñaron que la vida se cuenta con canciones.
Me enseñaron que las arrugadas manos de las abuelas son las que dan las caricias más suaves del mundo.
Me enseñaron que tener invitados en casa es una bendición y que a los invitados se les trata como príncipes.
Que los indios son personas que saben un montón de cosas que no sé, que hablan con la selva y que su ropa siempre está más limpia que mis camisas de la escuela.
Que si tu ropa se impregna de olor a leña, estás más cerca de la Tierra.
Que las personas tenemos diferentes colores de piel nada más para podernos decir la güera o el prieto, porque si no sería aburrido.
Me enseñaron que escuchando a los ancianos se te puede pegar algo de sabio.
Que quien te escupes cuando le das de comer no está enojado contigo, está enojado con él.
Que a la hora de la comida el que llega de sorpresa, come.
Me enseñaron que si tu papá te avienta al mar puedes mentarle la madre, pero no debes olvidar agradecerle después por enseñarte a nadar.
Que a nadie se le niega un vaso con agua, un plato de comida, una sonrisa o un beso (y luego se quejan).
Que entre más das, más recibes.
Me enseñaron los nombres de cientos de animales, a admirarlos y a respetarlos, porque ellos son yo.
Que lo que está bonito por dentro se ve bonito por fuera.
Que lo importante no es el traje, es la percha.
Que si como un montón de cosas asquerosas a los 15, mi cuerpo me lo agradecerá a los 30.
Que si tienes dones poco usuales no debes temerles, debes agradecer por ellos.
Que ser mejor no significa competir con los demás, si no contigo mismo.
Que quien te ama podrá limitarte en muchas cosas, pero siempre te dejará la libertad de elegir.
A mi me enseñaron a ser libre. Y lo agradezco.
Me enseñaron que perdón es una palabra muy poderosa y que se dice mirando a los ojos.
Me enseñaron que reír es tan importante como respirar y que hacer reír es un don que hay que ejercitar a diario.
Me enseñaron que mi imaginación es mi arma más poderosa.
Me enseñaron que las palabras se hicieron para jugar con ellas y crear mundos a su alrededor.
Me enseñaron que los libros son los mejores amigos.
Que Dios no está en un altar, está adentro de ti.
Que hay amores para toda la vida y que no terminan cuando uno se muere.
Que los abrazos se dan fuertes y apretaditos, para que los sienta el corazón.
Que siempre, aunque no lo parezca, tu familia será tu refugio.
Que los que viven bajo un mismo techo son familia, sin importar que corten el pasto, hagan la limpieza o sean los dueños de la casa.
Que hay hermanos que no llevan la misma sangre, que mis primos son mis otros hermanos, que los niños escogen cuantos abuelos tener, que hay tíos por merecimiento y que si soy afortunado, tendré más de dos papás.
Que si tu mamá te da sopa de letras, entre la sopa se encuentra un TE AMO.
Me enseñaron a no rendirme nunca, nunca, nunca.
Me enseñaron que la vida se cuenta con canciones.
Me enseñaron que las arrugadas manos de las abuelas son las que dan las caricias más suaves del mundo.
Me enseñaron que tener invitados en casa es una bendición y que a los invitados se les trata como príncipes.
Que los indios son personas que saben un montón de cosas que no sé, que hablan con la selva y que su ropa siempre está más limpia que mis camisas de la escuela.
Que si tu ropa se impregna de olor a leña, estás más cerca de la Tierra.
Que las personas tenemos diferentes colores de piel nada más para podernos decir la güera o el prieto, porque si no sería aburrido.
Me enseñaron que escuchando a los ancianos se te puede pegar algo de sabio.
Que quien te escupes cuando le das de comer no está enojado contigo, está enojado con él.
Que a la hora de la comida el que llega de sorpresa, come.
Me enseñaron que si tu papá te avienta al mar puedes mentarle la madre, pero no debes olvidar agradecerle después por enseñarte a nadar.
Que a nadie se le niega un vaso con agua, un plato de comida, una sonrisa o un beso (y luego se quejan).
Que entre más das, más recibes.
Me enseñaron los nombres de cientos de animales, a admirarlos y a respetarlos, porque ellos son yo.
Que lo que está bonito por dentro se ve bonito por fuera.
Que lo importante no es el traje, es la percha.
Que si como un montón de cosas asquerosas a los 15, mi cuerpo me lo agradecerá a los 30.
Que si tienes dones poco usuales no debes temerles, debes agradecer por ellos.
Que ser mejor no significa competir con los demás, si no contigo mismo.
Que quien te ama podrá limitarte en muchas cosas, pero siempre te dejará la libertad de elegir.
A mi me enseñaron a ser libre. Y lo agradezco.
Habla de:
el pasado,
la family,
manifiesto,
principios,
todo yo
8.30.2010
El estandarte
Difícilmente opino sobre temas políticos, pero en esta ocasión haré una excepción por lo claro que me parece el resultado del que abordaré.
Desde el momento en el que se vislumbraban las primeras oportunidades para que se abriera el debate sobre la legalización de las uniones entre personas del mismo género en el Distrito Federal, quedaba claro que, más allá del avance social que pudiera representar, esto sería un capital político para la izquierda y un enfrentamiento de la iglesia y la derecha con sus propios demonios. Pues que ocurre, hijas!
Después, el tema llega a la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Escrito así, con mayúsculas, hasta se ve bonito, hasta impone, hasta parece verdad. Vaya, que hasta la propia justicia debe estar desacostumbrada a ver su nombre con mayúscula al principio, dada la minúscula importancia que en este y otros países le damos. Pero no nos desviemos del recto camino que, dicen, es el de la virtud. Decíamos, que llega el tema a la Suprema blablablá y que los magistrados, tan doctos ellos, tan propios ellos, tan justos e iluminados ellos, deciden con su gran sabiduría que sí, que todos semos iguales y que jotitos y traileras pueden contraer lo que viene siendo el matrimonio, pues. Pero ay, Jesucristo aplaca tu ira! No sólo eso, si no que consideran la posibilidad de la adopción.¡Zas, culeras! ¡Culeras, apostólicas, romanas y arzobispales! Pues vaya, que lo que bien sabido es (pero también bien callado) es que todos guardamos sospechas sobre las decisiones de estos señores. Pero que uno de nuestros sacrosantos, santificados y purísimos representantes eclesiásticos se le ocurre decir que esto es obra del mal, encarnado en la persona del carnal Marcelo. Y que le hace segunda otro monito vestido con hilos dorados. ¿Pos cómo se les ocurre, manas obispos? Vaya que ni cuando se están cogiendo chavitos atrás del altar se les ocurre semejante pendejada, hijas. Pues no, pero es que les ganó el coraje y dejaron salir los años de frustración. No, manas cardenales, ecuánimes y con las rodillitas juntas, recuérdenlo. Recuerden aquello de que "después de cinco minutos es ardor". Pos ardor purpúreo, vaticanístico y guadalupano es lo que les va a dar, porque acaban de darle las armas al enemigo.
Ahora, claro, Marcelo tomará la causa de los gaicitos y lesbianitas indefensos cual moderno estandarte de la Virgen de Guadalupe y aprovechando los festejos del Bicentenario lo hará ondear en el aire enrarecido de la atmósfera electoral de este país, lo que le ganará adeptos entre los progresistas y seguramente un maravilloso...2% de votos para su partido. ¿Dos por ciento? ¿Nomás? Sí reinas y a lo mejor me vi espléndido. En un país en el que el electorado no cree en las instituciones algo así ya no hace mayor diferencia. Claro que representará un capital político para el PRD y agregados culturales, pero no es el gran tema y en unos meses será olvidado.
Lo verdaderamente interesante es que, como bola rebotando en la esquina de una mesa de billar, el dichoso tema ha puesto en el mapa social con fuerza y sin tapujos, a la tan mentada comunidad gay. Ahora ya las señoras persignadas tienen que chutarse el tema en la televisión, nuestros niños escuchan hablar de parejas del mismo sexo, se toca el tema en las escuelas y los maestros y papás ya no se podrán hacer para lo oscurito. Independientemente del uso político o mediático del tema, ese porcentaje de la población homosexual ha dejado la invisibilidad. Y es mejor ser el tema abierto de unos meses que el tema oculto de toda la vida. Al final, la mayor parte de esta comunidad no tomará tan en cuenta este nuevo derecho a la hora de votar, porque ya lo tienen. Los que lucharon por él ya son o muy mayores o con una postura política definida desde hace mucho y al final, las pequeñas batallas se seguirán librando en lo individual, en el centro mismo de las familias. Como la mía. Es curioso, porque justo en estos días, alguien muy cercano y muy querido ha librado su batalla personal con el tema. Afortunadamente los tiempos que vivimos permiten que el doloroso trance de "salir del clóset" sea hoy en muchos casos una suave transición. Eso es lo ganado, ése es el resultado del esfuerzo de cada uno y del avance real como sociedad, con y sin matrimonios gay, con y sin adopciones, con y sin Supremas Cortes, pero con Justicia.
Desde el momento en el que se vislumbraban las primeras oportunidades para que se abriera el debate sobre la legalización de las uniones entre personas del mismo género en el Distrito Federal, quedaba claro que, más allá del avance social que pudiera representar, esto sería un capital político para la izquierda y un enfrentamiento de la iglesia y la derecha con sus propios demonios. Pues que ocurre, hijas!
Después, el tema llega a la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Escrito así, con mayúsculas, hasta se ve bonito, hasta impone, hasta parece verdad. Vaya, que hasta la propia justicia debe estar desacostumbrada a ver su nombre con mayúscula al principio, dada la minúscula importancia que en este y otros países le damos. Pero no nos desviemos del recto camino que, dicen, es el de la virtud. Decíamos, que llega el tema a la Suprema blablablá y que los magistrados, tan doctos ellos, tan propios ellos, tan justos e iluminados ellos, deciden con su gran sabiduría que sí, que todos semos iguales y que jotitos y traileras pueden contraer lo que viene siendo el matrimonio, pues. Pero ay, Jesucristo aplaca tu ira! No sólo eso, si no que consideran la posibilidad de la adopción.¡Zas, culeras! ¡Culeras, apostólicas, romanas y arzobispales! Pues vaya, que lo que bien sabido es (pero también bien callado) es que todos guardamos sospechas sobre las decisiones de estos señores. Pero que uno de nuestros sacrosantos, santificados y purísimos representantes eclesiásticos se le ocurre decir que esto es obra del mal, encarnado en la persona del carnal Marcelo. Y que le hace segunda otro monito vestido con hilos dorados. ¿Pos cómo se les ocurre, manas obispos? Vaya que ni cuando se están cogiendo chavitos atrás del altar se les ocurre semejante pendejada, hijas. Pues no, pero es que les ganó el coraje y dejaron salir los años de frustración. No, manas cardenales, ecuánimes y con las rodillitas juntas, recuérdenlo. Recuerden aquello de que "después de cinco minutos es ardor". Pos ardor purpúreo, vaticanístico y guadalupano es lo que les va a dar, porque acaban de darle las armas al enemigo.
Ahora, claro, Marcelo tomará la causa de los gaicitos y lesbianitas indefensos cual moderno estandarte de la Virgen de Guadalupe y aprovechando los festejos del Bicentenario lo hará ondear en el aire enrarecido de la atmósfera electoral de este país, lo que le ganará adeptos entre los progresistas y seguramente un maravilloso...2% de votos para su partido. ¿Dos por ciento? ¿Nomás? Sí reinas y a lo mejor me vi espléndido. En un país en el que el electorado no cree en las instituciones algo así ya no hace mayor diferencia. Claro que representará un capital político para el PRD y agregados culturales, pero no es el gran tema y en unos meses será olvidado.
Lo verdaderamente interesante es que, como bola rebotando en la esquina de una mesa de billar, el dichoso tema ha puesto en el mapa social con fuerza y sin tapujos, a la tan mentada comunidad gay. Ahora ya las señoras persignadas tienen que chutarse el tema en la televisión, nuestros niños escuchan hablar de parejas del mismo sexo, se toca el tema en las escuelas y los maestros y papás ya no se podrán hacer para lo oscurito. Independientemente del uso político o mediático del tema, ese porcentaje de la población homosexual ha dejado la invisibilidad. Y es mejor ser el tema abierto de unos meses que el tema oculto de toda la vida. Al final, la mayor parte de esta comunidad no tomará tan en cuenta este nuevo derecho a la hora de votar, porque ya lo tienen. Los que lucharon por él ya son o muy mayores o con una postura política definida desde hace mucho y al final, las pequeñas batallas se seguirán librando en lo individual, en el centro mismo de las familias. Como la mía. Es curioso, porque justo en estos días, alguien muy cercano y muy querido ha librado su batalla personal con el tema. Afortunadamente los tiempos que vivimos permiten que el doloroso trance de "salir del clóset" sea hoy en muchos casos una suave transición. Eso es lo ganado, ése es el resultado del esfuerzo de cada uno y del avance real como sociedad, con y sin matrimonios gay, con y sin adopciones, con y sin Supremas Cortes, pero con Justicia.A Javis, con todo el cariño
Habla de:
el mundo,
justicia,
matrimonios gay,
sergei,
sociedad
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