
Anoche fui con Bailarín a ver Slumdog Millionaire. Por cierto, no he escrito aún sobre Bailarín, pero ya lo haré en su momento. La onda es todo lo que me movió esa película.
Slumdog Millionaire está dirigida por Danny Boyle, de quien soy bien fans. Él dirigió la buenísima Tumba al ras de la tierra, luego la alucinante Trainspotting, luego 28 days later, que también es buena en su género y luego la maravillosa Millions. Sepa si mis "luegos" corresponden a la realidad pero no importa. El caso es que es uno de mis directores favoritos, uno de esos weyes que saben bien de que se trata la vida.
Slumdog Millionaire es una historia de amor. Es también una historia de supervivencia ambientada en la India de hoy en día. Y esto la hace más gozosa y dolorosa a la vez. Porque creo que si hay un lugar en el mundo que nos muestra con claridad hacia donde vamos como humanidad, ese es India. Más allá del casi-lugar-común de gente viviendo entre la basura y agarrándose de la vida como puede, está algo de lo que escribía hace 15 años y sigue igual o peor de cierto: la costumbre. Y te das cuenta (me doy cuenta) de que no quiero acostumbrarme a un mundo en el que conviven miseria y ostentación. Y también nos damos cuenta TODOS que SÓLO EL AMOR NOS HACE LIBRES. Y eso es neta, no cursi. Porque los tres protagonistas enfrentan la vida con poco más que un chingo de determinación, ninguna opción y mucho amor entre ellos. Si todos nosotros tuviéramos la mitad de la determinación y el amor de Jamal, el protagonista, el mundo sería de verdad un lugar maravilloso. Así que igual y tenemos esperanzas.
No escribo más, hay que verla (aunque algunos grupos en India se hayan encabronado porque retrata la realidad). Es más, deberían programarla como peli obligatoria de la secun para arriba. He dicho.