3.02.2009

El más feliz del mundo

Insisto e insistiré en que produzco más dopamina y serotonina que el común de los mortales. Tal vez creerlo sea sólo una manera de reafirmar mi individualidad y sentido de unicidad, pero de verdad lo creo. O tal vez tengo razón y mis estados de felicidad prolongada son el resultado de una sobreproducción de compuestos químicos en mi oganismo. El caso es que, sea cual sea el motivo, soy un wey feliz y hoy, como diría Caridad Esperanza Valentín, es uno de esos días perfectos.

Y podría parecer que no tengo muchos motivos: no tengo un varo (literal), Peperrín no da señales de querer pagarme la lana que me debe, en las oficinas de la Comer no me recibieron (por eso voy al súper) y mi cche está fallando. Pero me siento el hombre más feliz del mundo. Tengo vida, aire para respirar y todas las veces que le he sonreído a alguien el día de hoy me han devuelto la sonrisa. También tengo a Kabaí, que me enseña a diario que se puede ser feliz si uno tiene agua, comida y algún juguete. También está Bailarín, que es el compañero de ruta más honesto que uno pudiera pedir. Y me veo bien guapito con mi traje gris y mi corbata rosa. Y los totopos de este California están de webos. Sip, soy El Más Feliz del Mundo.

El mundo es lo que imaginamos. Tú, querido lector, que tan seguido te sientes El Más Feliz del Mundo?

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Me he sentido el más feliz del mundo cuando descubro en otro ser humano; la maravilla de mi propia humanidad y de todo mi potencial: Cuando redescubro que a pesar de los años, sigo siendo un niño, que sigo siendo vulnerable, que sigo aprendiendo, que sigo necesitando que me chiqueen; pero que tengo el poder para yo: proteger, enseñar, chiquear y amar a otro ser humano.

AJ

GUS dijo...

Qué chido! Te entiendo, mi niño. Hey, por qué dejaste de ser Mercury?

Anónimo dijo...

jajaja es que se me olvidoooooooooooooooo

Mercury