3.12.2009

Cuando me dicen mi amor

Una de las entradas que había pensado subir hoy era sobre las perreadas. Pero eso puede esperar. Hace unos minutos platiqué con mi mamá, mi hermana y mi papá por teléfono. Como mi papá está enfermo, casi no podía hablar, así que la mayor parte de la conversación fue con mi madre. Y al despedirse me dijo algo, que me sigue poniendo la piel chinita después de tantos años: "Que tengas buen viaje, mi amor."

Es tan dulce cuando la mamá de uno le dice a uno mi amor con cariño, que creo que es imposible permanecer indiferente. En mi caso particular, que mi mamá no es exageradamente expresiva, casi siempre lo es conmigo y ése es un gran regalo de vida. Y me puse a pensar en cuantos "mi amor" de verdad nos mueven.

Una de las muchas canciones de Eugenia León que es muy significativa para mi se llama "Cuando me dices mi amor". Desafortunadamente no está el video en la web y no se los puedo compartir, pero la letra dice:

Déjame rozar tus labios
déjame besar tu boca,
todo aquello que provoca
cuando es justo, es necesario.

Necesito de tus besos
porque son una delicia.
Por favor hazme justicia
o mejor: hazme feliz.

Humedece mi raíz
para ser naranjo en flor.
Dame un trago del licor
que destilas en tu boca,
el que de tus labios brota
cuando me dices mi amor.

Esta canción significó mucho para mí y para alguien muy especial. También para alguien no tan especial cuando me dejó. El punto es que de verdad tu día puede cambiar cuando alguien especial te dice mi amor, sea tu padre o madre, tu pareja, novio, amante o hasta un amigo. Las palabras son sólo palabras, pero cuando nos damos en ellas, tienen poder.

A ti, todavía te estremece escuchar que alguien te dice "mi amor"?

3.11.2009

Vuelta de tuerca

No tengo luz en casa!!! Yo insisto en que toooodos los trámites deberían eliminarse y deberíamos tener un chip que pasaramos por estaciones lectoras en el súper y de ahí se descontaran todos los servicios de la cuenta en la que tengamos dinero. Pero mientras eso ocurre, tendré que seguir sufriendo como jotita vanidosa sin espejo que la refleje.

En fin, el caso es que debido a la falta de energía eléctrica en mi choza y a la sobra de trabajo en la oficina, no había escrito nada en este su blog. Y vaya que había que escribir! Más aún tomando en cuenta que en el último post mi vida se había quedado como telenovela en capítulo de viernes.
Pues resulta...que el maldito No-me-despierto-aunque-se-caiga-el-mundo Combariza SÍ estaba en mi casa. En el momento en que, perrito en mano, me disponía a salir a buscar un cerrajero, Ricardo gritó desde dentro mi nombre (y quién más podía ser, tarado? la PGR?) y me abrió. Dadas las circunstancias, mejor reí y comencé a platicarle mi drama. Me dijo, como todo buen amigo dolido porque un cabrón le hace una trastada a su amigo, que no le llamara y que "a la chingada". Me dolía, pues pensé que Bailarín era un wey con más amor que miedo y además su vibra siempre estuvo muy en orden, pero pensé que sería lo mejor. Fui a desayunar con Combi y su novia, que me cayó de webos y de regreso me quedé un rato dormido con Kabaí al lado. No se cuanto tiempo después me desperté decidido a prepararme algo de comer y a sentarme a ver la tele comiendo helado (Si, queridos míos, no sólo las neoyorkinas histéricas y las gorditas londinenses lo hacen). Entonces sonó el teléfono.

Claro, era Bailarín. Me preguntó que iba a hacer y le contesté que a comer y tal vez después salir a caminar. Me contestó "No, ve a casa. Y llévate al perrito." Por supuesto que me hice del rogar y después de cuatro segundos y un "Está bien, allá te veo" colgué.
Fui más tarde a casa de Bailarín, bien en guapito para que viera lo que se estaba perdiendo (aunque eso se nota a simple vista) y bueeeh...bueh! El señor llegó de su ensayo con una actitud entre distante y apenada. Le pregunté a que se había debido su actitud de la noche anterior y sin darle mucho tiempo a responder me lanzé a decir que SíhabíasidounaidiotezdemipartenodecirleaGrandotequeyateníanovioperonohabíaencontradoelmomentopara
hacerloymehabíadadopenaporelniñoperonoteníanadaqueverconél.
Lo que siguió es de antología. Bailarín se me quedó viendo con cara de sorpresa, me dijo que eso no le importaba y que ni había puesto atención al chavito y que yo sabía bien por qué se había enojado. Con la cara de sorpresa ahora en mi rostro, pregunté de inmediato "De qué hablas?" y la respuesta ha sido lo mejor en años: "Pues de que venías drogado, Said". Imaginen ustedes mi cara de enojo, sorpresa y risa toda en una. La escena regresó a mi mente en un flashazo y recordé mis palabras: "Estoy out". Y entendí todo de una vez. Y Bailarín seguía "Lo que más me molestó es que no tenías ni una hora de haberte ido" y "Yo se muy bien lo que quiero, Said y eso no lo quiero". Paren las prensaaaaaaaas!

Perdí la cuenta de la cantidad de veces que le dije pendejo a Bailarín cuando aclaré el malentendido. También confirmé mi teoría de que su miedo había sido más grande que su amor. Pero el miedo no era el de que le fuera infiel, el miedo era de que yo fuera adicto! Yo! Hacía tiempo que no me reía así con una confusión. Le dije que el hecho de que nos hubiéramos conocido con una tacha encima no significaba que fuera mi menú de cada fin de semana. Le aclaré que lo único que traía esa noche encima era ketorolaco y agua y que Grandote me había llevado porque es muy buena persona y..ya! No drogas, no, no era posible que fuera tan weeeeeey! También le aclaré que a mi lado necesitaba un wey POR LO MENOS igual de seguro que yo y le repetí otros cuantos "pendejo" antes de abrazarlo y besarlo. Qué más puede uno hacer con una criaturita así?

Al final, descubrí que Bailarín sí tenía por lo menos una característica de los bailarines: el drama. Descubrí también que los amigos están cuando los necesitas, no precisamente cuando quieres que estén. Y confirmé algo que ya sabía: no importa cuan claras puedan parecer las evidencias, siempre vale la pena escuchar a la otra parte.

3.02.2009

Más pronto cae un hablador...

...que un cojo, decía mi abuela. Pues así es esto del abarrote: ayer escribía sobre ser el más feliz del mundo y hoy en la mañana me sentía Gabriela Roel, porque ya no creo en los hombres. Ni en los amigos, ni en nadie.

Aquí va la historia: ayer en la noche salí un rato al antro con Grandote. Ustedes no sabían de Grandote, pero bastará decir que es un chico que me encanta como persona pero, para variar, comencé a gustarle de otra manera (pero me di cuenta ayer, gracias) y sumado a eso (imbécil de mi) no me animé a decirle que ya tenía novio, porque se me hizo ojete decírselo estando en Zona Rosa, viniendo él de Coapa, donde la mujer es guapa y...Momento! Primero es importante aclarar mi condición física. Resulta que ayer saqué a pasear a Kabaí con correa for the very first time. No entraré en detalles, pero baste decir que atravesamos corriendo una calle, la correa se atravesó en el camino de Kabaí, Kabaí se atravesó en el mío y...zas! Musculoquito perdiendo el glamour por un lado, perrito llorón rodando por el otro y público de un café atónito ante la escena. Inmediatamente después y sin perder lo sexy (todo mundo vio el resorte de mi 2xist cuando me agaché, seguro) saqué a mi perro de abajo de la camioneta donde se había metido y levanté mi actitud del suelo. Nomás que la actitud traía de regalo un dolor en la pierna derecha que no se me quitó hasta varias horas y dos ketorolacos más tarde. Con estos antecedentes, entenderán la clase de suplicio doble que significó una invitación a bailar por parte de alguien muy lindo que no sabían que tenía novio. Y escribo "tenía" por lo que ocurrió después.

Lo que ocurrió después fue que fui con Grandote a Lipstick y no aguanté bailar más de 15 min. Después estuve parado en un pie, con una cara de dolor evidente y terminé por decirle que ya no aguantaba más. Y claro, Grandote, justo como yo no quería, se ofreció a acompañarme a casa de Bailarín. Yo pensaba que Bailarín ya estaría en esos momentos en el antro preparándose para su show, pero nueve cuadras y más dolor de pierna después, la vida tenía otros planes. Llegamos a la entrada del edificio de Bailarín y zas! en ese preciso instante va saliendo. Supongo que mi cara de sorpresa mezclada con dolor fue de antología. "Estoy out" le dije a Bailarín. Él, con su peor cara de molestia, contestó "Sí, eso veo" se despidió y se fue aprisa. Grandote con cara de tristeza/asombro/nosequehacer sólo se despidió y me dijo que me cuidara la pierna. Y yo, encabronado y frustrado por mi alto grado de estupidez, subí a dormir, a esperar a Bailarín que no llegó si no hasta las cinco de la mañana y nunca contestó mis llamadas.

Hoy en la mañana le hablé y no contestó. Me despedí y tampoco lo hizo, así que entendí que no tenía nada que hacer ahí, tomé mi perro y mis cosas y me fui a casa, sin saber que había pasado en realidad.

Por otro lado, le había dado las llaves de mi depto a Combariza, que venía de Monterrey y no tenía donde quedarse. Bueno, pues ¿por qué no? comencé a marcarle a su celular para decirle que ya iba rumbo a casa y celular apagado. Marqué a casa y nadie contestó el teléfono. Llegué a casa cargando perro, juguetes de perro, camita y un corazón hecho nudo y nadie salió cuando toqué el timbre. Nadie abrió tampoco cuando toqué como loco la puerta. Sí, claro, para eso están los amigos: para dejarte colgado afuera de tu propia casa. Ni hablar, no hay serotonina ni dopamina que puedan con algunas cosas.

El más feliz del mundo

Insisto e insistiré en que produzco más dopamina y serotonina que el común de los mortales. Tal vez creerlo sea sólo una manera de reafirmar mi individualidad y sentido de unicidad, pero de verdad lo creo. O tal vez tengo razón y mis estados de felicidad prolongada son el resultado de una sobreproducción de compuestos químicos en mi oganismo. El caso es que, sea cual sea el motivo, soy un wey feliz y hoy, como diría Caridad Esperanza Valentín, es uno de esos días perfectos.

Y podría parecer que no tengo muchos motivos: no tengo un varo (literal), Peperrín no da señales de querer pagarme la lana que me debe, en las oficinas de la Comer no me recibieron (por eso voy al súper) y mi cche está fallando. Pero me siento el hombre más feliz del mundo. Tengo vida, aire para respirar y todas las veces que le he sonreído a alguien el día de hoy me han devuelto la sonrisa. También tengo a Kabaí, que me enseña a diario que se puede ser feliz si uno tiene agua, comida y algún juguete. También está Bailarín, que es el compañero de ruta más honesto que uno pudiera pedir. Y me veo bien guapito con mi traje gris y mi corbata rosa. Y los totopos de este California están de webos. Sip, soy El Más Feliz del Mundo.

El mundo es lo que imaginamos. Tú, querido lector, que tan seguido te sientes El Más Feliz del Mundo?

2.24.2009

Rapidines en horarios de oficina

Hace un rato Yeison Alexander (nombre ficticio, Panuncio tu identidad está a salvo) decía, hace un rato Yeison Alexander y yo nos confesamos mutuamente estar cachondos. No podíamos hacer nada para disminuir la calentura, porque estábamos en el trabajo, rodeados de bugas. Con esto en mente (bueno, en cuerpo) me puse a pensar en que pretextos podría uno utilizar para dejar súbitamente la oficina para alimentar al animal. Después razonamos que lo mejor es la honestidad y que uno debe hablar con la verdad. Estos fueron los resultados:

"Voy a ver rápido unas pelis porno con un amigo porque ando muy caliente y no quiero molestarlos aquí."

"Tengo que hacer cinco comidas al día. La cuarta es semen. Ustedes no traen, verdad?"

"Voy a la tienda por una buena revolcada, alguien quiere algo?"

"Domínguez, cerdo asqueroso, me estás pareciendo endemoniadamente sexy. ¿Me cubres o vemos que pasa?"



¿Propuestas?

2.23.2009

Slumdog Millionaire

Anoche fui con Bailarín a ver Slumdog Millionaire. Por cierto, no he escrito aún sobre Bailarín, pero ya lo haré en su momento. La onda es todo lo que me movió esa película.

Slumdog Millionaire está dirigida por Danny Boyle, de quien soy bien fans. Él dirigió la buenísima Tumba al ras de la tierra, luego la alucinante Trainspotting, luego 28 days later, que también es buena en su género y luego la maravillosa Millions. Sepa si mis "luegos" corresponden a la realidad pero no importa. El caso es que es uno de mis directores favoritos, uno de esos weyes que saben bien de que se trata la vida.

Slumdog Millionaire es una historia de amor. Es también una historia de supervivencia ambientada en la India de hoy en día. Y esto la hace más gozosa y dolorosa a la vez. Porque creo que si hay un lugar en el mundo que nos muestra con claridad hacia donde vamos como humanidad, ese es India. Más allá del casi-lugar-común de gente viviendo entre la basura y agarrándose de la vida como puede, está algo de lo que escribía hace 15 años y sigue igual o peor de cierto: la costumbre. Y te das cuenta (me doy cuenta) de que no quiero acostumbrarme a un mundo en el que conviven miseria y ostentación. Y también nos damos cuenta TODOS que SÓLO EL AMOR NOS HACE LIBRES. Y eso es neta, no cursi. Porque los tres protagonistas enfrentan la vida con poco más que un chingo de determinación, ninguna opción y mucho amor entre ellos. Si todos nosotros tuviéramos la mitad de la determinación y el amor de Jamal, el protagonista, el mundo sería de verdad un lugar maravilloso. Así que igual y tenemos esperanzas.

No escribo más, hay que verla (aunque algunos grupos en India se hayan encabronado porque retrata la realidad). Es más, deberían programarla como peli obligatoria de la secun para arriba. He dicho.

2.20.2009

Crecidito...



¿No les ha pasado que un día la realidad les pega como brisa de mar en la cara? O sea, no es un putazo que te saca de tu ensoñación, es algo rico que te hace sentir bien. Pues así me pasó con mi autopercepción con esta foto.

No se si les pasa, pero siempre veo a mi mamá más alta de lo que es. Supongo que tiene que ver con que de pequeños siempre la miramos hacia arriba y eso debe quedarse grabado en algún rincón poco iluminado de nuestra mente.

En fin, la onda es que mi señor progenitor me manda esta foto y yo "Zas! Ya crecí!". Con razón las vecinas de mis papás me ven alto. Es la primera vez que percibo desde fuera la diferencia de estaturas entre mi jefecita santa y yo. Hasta mamado me veo...

10.17.2008

Yo te miro, alboroto tus cabellos y perdido en tu mirada, te sonrio.

¿Y eso qué? Pues nada, es una frase de un poema mío, que escribí a los 22 años. El poema completo es seguramente una de las cosas más cursis que se hayan escrito en castellano, pero significaba mucho para mí y para quien fue dedicado. Hablaba de una coincidencia mágica, algo que realmente nos ocurrió (SI, BASADO EN UNA HISTORIA REAL) y que nos unía.

A la fecha no recuerdo el texto completo, ya que está en poder de aquél al que fue dedicado. Pero recuerdo ese fragmento y se me hace muy tierno. ¿O no has experimentado la completitud que te da perderte en los ojos de alguien, alborotarle el cabello y sonreirle? ¿Se necesita más? Pregunto...

10.15.2008

Sobre este maldito vicio

Escribe. Escribe, que escribir calma el espíritu y aleja el dolor. Escribir aclara la mente y deja lo turbio en el papel. Escribe. Escríbete a ti. Cuéntate que te alegra, que te aterroriza y que te duele. Escríbete cartas de amor. Escríbete pendejadas, seguro te alejarán de las palabras que rebotan y rebotan en tu cabeza y te acercarán a la palabra que eres tú. Escribe hasta el cansancio, hasta que te duelan las manos y el ser. Escribe sin pensar si serás leído. Un día, al final, entre todas las palabras, descubrirás el nombre que te ha sido dado. Y podrás entonces, seguramente, leerte.

8.08.2008

Cazador de molinos de viento

"Sigo creyendo en las mismas cosas que creía a los doce años" dice un personaje de una película maravillosa llamada Shortbus. Ése es uno de los motivos por los que la película me fascinó, sin duda. Quien eso dice es un joven homosexual treintañero que ha sido, entre otras cosas, prostituto. Pos supuesto que el contrapunto es importante, pero para mi va más allá de la inocencia que mantiene el personaje, habla de conservar los ideales. Esos ideales juveniles que se pierden con una facilidad pasmosa en estos tiempos. Puede que suene a abuelo regañón, pero quienes me conocen saben que soy justamente lo contrario. Lo que no dejo de ser es un idealista.

Uno de mis compañeros de oficina se refiere a mi con frecuencia como "Cazador de molinos de viento", "Romántico empedernido", "Constructor de castillos en el aire" y cosas por el estilo. Me divierte mucho. En parte, porque implica que en mi proceder diario no oculto eso que para gente de mi edad parece romanticismo indefendible, pero también porque es un recordatorio de que no he dejado atrás la escencia que me definía a los dieciseis. Soy activista de clóset o algo parecido, supongo.

Regularmente llega un momento en nuestras vidas en el que nos topamos de frente con un monstruo de mil cabezas al que podemos llamar El Sistema, Sociedad, Cultura corporativa, corrupción, responsabilidad o sepasuputamadre. Este monstruo se encarga de refregarnos en la cara (si nos dejamos) que las cosas ya funcionan de tal o cual manera y que no tiene, ha tenido ni tendrá sentido intentar cambiarlas. Los más se creen el cuento (y ahora si me excluyo como los machos) y mandan sus ideales de justicia, igualdad, paz o el que mejor les ajustaba al cajón más oscuro, los escupen, los dejan olvidados en una ventanilla de alguna oficina de gobierno o, en el mejor de los casos, los guardan cerca de su corazón, donde nadie pueda verlos.

Pero aunque muchos dejen los ideales colgados junto con el uniforme de la prepa, sigo siendo un convencido de que se puede cambiar al mundo por la buena, si. Cuesta, duele, pero se puede. La diferencia está en la acción. Me he topado decenas, cientos de veces con cosas que implican hacer algo en contra de lo que creo. La mayoría de esas veces he salido bien librado y al igual que yo, varias personas que conozco. Ya sea una infracción de tránsito, una amable solicitud dinero para acelerar un trámite o la insistencia de tu jefe para que adaptes tu manera de pensar a la manera corporativa, si tienes el valor de defender tu punto, lo menos que lograrás es el respeto del mismo y muy probablemente el reconocimiento de la gente en tu entorno. (Por favor si soné como Carlos Cuauhtémoc Sánchez, envíenme mentadas). Pero ése es el punto: defender los ideales como si en ello te fuera la vida (y en más de un sentido es así). Conozco cientos de casos de los que defienden sus ideales. Pueden ser favorables o desfavorables para su entorno, pero el punto es el mismo: son valientes a la hora de defenderlos, de creer en ellos mismos. Gandhi y Hitler defendieron aquéllo en lo que creían contra viento y marea. Los resultados los conocemos todos (y si no los conoces salte en chinga del blog y entra a Wikipedia, la fuente de toda sabiduría).

Así es, el punto es al final la acción. De nada sirve ideal sin acción. Ya sea para compartirlo, defenderlo o inculcarlo, sin acción no crece, no vive, no perdura. Como civilización somos el resultado del esfuerzo de muchos que dieron hasta la vida por sus ideales (igual y estaban muy pirados, pero ACTUARON). Si eres cristiano, tienes un ejemplo. Si eres budista, también. ¿No suena interesante recuperar aquéllo que creías que no aplica en el mundo en el que vives, darle una limpiadita y ponerlo a funcionar? ¿No siguen sonando maravillosamente bien cosas como bondad, igualdad, confianza o cualquiera que tenías tatuada en la piel interna cuando eras más chavo? ¿Y si hacemos el experimento y las defendemos a capa y espada a partir de hoy?

Si crees que no vale la pena, me gustaría saberlo. Si crees que si, también. Total, a fin de cuentas yo sigo creyendo en las mismas cosas que creía a los doce.